Gracias al tacto podemos tener distintas sensaciones pero ¿sabes cómo funciona el sentido del tacto? Aquí te lo explicamos de una manera breve.
La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano, envía impulsos nerviosos al área sensorial del cerebro. La piel puede responder rápidamente y con mucha precisión en los estímulos externos para detectar dolor, texturas, temperaturas y muchas otras cosas.

El filósofo Bertrand Russell acuñó el término “datos de los sentidos” para diferenciar el proceso de sentir de aquello que se siente. Nuestra piel está llena de receptores sensoriales, muchos de ellos mecanoreceptores, lo que significa que responden ante la presión mecánica, la distorsión y la vibración.
Además de los mecanoreceptores tenemos termoreceptores para detectar los cambios de temperatura. Por último tenemos nociceptores, que se encargan de detectar el dolor. El lugar que cada tipo de sensor ocupa en la dermis (una de las tres capas principales de la piel) depende de su función.
Los receptores que detectan la presión son más grandes y están colocados a mayor profundidad, mientras que los sensores más pequeños, diseñados para detectar estímulos más ligeros como un toque suave, están colocados cerca de la superficie.
Todos los receptores tienen terminaciones nerviosas que pueden estar dentro de una cápsula (como los corpúsculos de Ruffini o libres. A grandes rasgos se puede decir que los sensores se dividen en dos categorías, dependiendo de su capacidad de adaptación (la velocidad a la que un receptor adapta su frecuencia de señales), de manera que hay sensores que se adaptan lentamente a los estímulos externos y otros que lo hacen rápido.
Los discos de Merkel, por ejemplo, se adaptan lentamente, manteniendo un alto índice de “disparo” de impulsos al cerebro durante bastante tiempo. Los corpúsculos de Pacini en cambio, se adaptan rápidamente; por ejemplo si la piel detecta una vibración que cesa de pronto, los sensores de Pacini dejan de enviar señales al cerebro en seguida.
Corpúsculos de Ruffini
Son mecanoreceptores de adaptación lenta. Los corpúsculos de Ruffini tienen una neurona con ramificaciones que termina en una cápsula oval. Detectan los estiramientos de la piel y la presión. Los que están en los dedos también detectan cuando algo se escurre.
Corpúsculo de Pacini
Es uno de los mecanoreceptores más grandes. Tiene varias capas, como una cebolla. Detecta la presión cuando se deforma al recibir una fuerza externa. También detecta las vibraciones es rápidas entre 200-300 Hz.
Corpúsculo de Meissner
Están en las áreas más sensibles de la piel en las que no hay pelo, como las palmas de las manos, las yemas de los dedos, los párpados y los ojos. Son receptores cerrados y se adaptan rápidamente. Son muy sensibles a la ligera presión y el tacto suave. También detectan la más mínima vibración, incluso por debajo de 50 Hz.

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