El esfuerzo para equilibrar lo que ven los ojos y los que registran los oídos puede ser complicado. Una serie de nervios, canales y fluido conforman lo que se conoce como sistema vestibular.
Está dentro de los oídos para controlar el equilibrio al detectar la información de movimiento que recogen los sentidos.
Al movernos, el líquido que hay en los oídos también se mueve, desencadenando mensajes nerviosos que, junto con la información visual de nuestros ojos, le informan al cerebro lo que está ocurriendo para que pueda reaccionar.
Sin embargo, cuando viajamos en coche o en barco, por ejemplo, el movimiento poco común puede hacer que exista un desequilibrio entre lo que ven los ojos (o lo que no ven) y lo que experimentan los oídos.
La confusión sensorial puede provocar nauseas, mareo y/o vómito porque el cerebro puede detectar movimiento pero no lo ve.
También puede ocurrir lo contrario, que los ojos perciban movimiento pero el sistema vestibular no lo sienta, entonces el cerebro recibe información contradictoria que no se puede procesar con la velocidad necesaria para responder y mantener el equilibrio.
Todos podemos sufrir en algún momento de nuestras vidas mareo por movimiento, también conocido como cinetosis.

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