¿En qué se diferencian estas personas del resto de los mortales? Cuando hablamos de superhumanos nos imaginamos a gente que dispara rayos láser o se vuelve invisible, a físicos con procesos internos superiores a la media.
Así, mientras un chico normal puede hacer un sprint a 29km/h, superman viaja más rápido que una bala, a unos 1.300km/h. Una persona fuerte puede mover un barril de 70 kg por un bar, pero La Masa puede levantar un autobús de dos pisos de 14.000kg.

Todo esto es fantasía, pero no hace falta entrar en el mundo de la ficción para encontrar datos físicos sorprendentes como estos. Muchos deportistas ponen a prueba los límites de nuestra maquinaria biológica y un buen número de ellos se dará cita cada cuatro años en los Juegos Olímpicos que se realizan en las ciudades más importantes del mundo.
Pero ¿Por qué cualquiera de nosotros no puede entrar en el estadio olímpico y medirse en serio contra Usain Bolt en los 100 metros para conseguir el oro? Es obvio que nuestros cuerpos se componen de los mismos materiales, pero el cuerpo de los atletas olímpicos es bastante diferente.
El cuerpo es como una máquina muy especializada que mejora a través de años de entrenamiento hasta colocarse por encima de la inmensa mayoría; se hace más rápida, más fuerte, reacciona con más agilidad, tiene más aguante, mejor equilibrio, más precisión y llega a soportar unos niveles de incomodidad física autoimpuesta que la mayoría de nosotros seriamos incapaces de aguantar.
Aunque suene injusto, a nivel genético muchos de nosotros, por no decir una gran mayoría, no les llegamos ni a los talones a los atletas olímpicos, que al nacer ya tienen capacidades especiales. Las largas piernas y una gran cantidad (hasta el 90%) de fibras musculares de contracción lenta, así como un sistema cardiovascular muy resistente hace que los keniatas sean especialmente buenos en las distancias superiores a los 5.000 metros.
Independientemente de si se cuenta o no con las mejores técnicas de entrenamiento, algunas personas tienen una predisposición genética que hace que superen a sus oponentes sin ninguna dificultad.
Los Juegos Olímpicos también han sido a lo largo de la historia un catalizador de los grandes logros deportivos. Antes de que se celebraran los primeros juegos modernos amparados por el Comité Olímpico Internacional en 1896, el primer récord oficial de los 100 m (ratificado por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo) era de 10,8 segundos, de Luther Cary en 1891.
La barrera de los diez segundos no se rompió hasta 1968, y Usain Bolt batió su propio récord mundial en Berlin hace tres años con una impresionante marca de 9,58 segundos.
Más de un siglo de mejoras socioeconómicas han hecho posible que los logros olímpicos estén al alcance de todos y los Juegos han sido una plataforma de competición que le ha permitido a muchos atletas destacar por encima del común de los mortales, demostrando unas capacidades casi propias de un superhombre.
Anatomía de un atleta
Cerebro
Tres años de entrenamiento, el cerebro de los atletas olímpicos cambia y crece en armonía con otros desarrollos físicos, ya sea un corredor de 100 m o de un pentatleta.
Esqueleto
Uno de los resultados del entrenamiento es el fortalecimiento de los huesos por la presión que ejercen los músculos. Los caucásicos suelen tener huesos más ligeros, mientras que los polinesios tiene mayor densidad ósea, lo que puede ser ventajoso para determinados deportes.
Sistema cardiovascular
Un corazón fuerte y unos grandes pulmones permiten aguantar más tiempo. Una buena cantidad de glóbulos rojos aumenta el oxigeno que llega a los músculos. La buena circulación hace que el oxigeno llegue a donde más se necesita.
Músculos
Se dividen principalmente en dos grupos. Las fibras de contracción rápida generan energías y son perfectas para los velocistas y el levantamiento de peso, mientras que las fibras de contracción lenta son más eficientes y sirven para los deportes de resistencia.

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