El cuerpo humano es una máquina muy compleja y el ADN es nuestro ingenioso código de programación. Imagínate una obra maestra de la literatura, como El Quijote, escrita en una lengua de sólo cuatro letras. ¡Sería imposible! ¿Cómo se puede expresar tanta complejidad de pensamientos y emociones con sólo cuatro letras?
Ahora imagina la vida de la Tierra en toda su magnifica diversidad, desde el hongo más pequeño hasta un atleta. La variedad, riqueza y belleza de la vida es mucho mayor que cualquier obra científica o de arte creada por el hombre. Pues bien, el creciente conocimiento del ADN nos permite saber que todo, hasta la última célula, se ha escrito con sólo cuatro letras: A, T, C Y G.

En términos muy básicos el ADN (que significa ácido desoxirribonucleico) es una molécula que contiene la información genética. En la anatomía humana, llamamos genoma a la suma de esta información. Cada una de los 100 trillones de células que componen nuestro cuerpo contiene ADN, salvo los glóbulos rojos, que no tienen núcleo. Cada una de las copias de ADN contiene no sólo las instrucciones exactas para el funcionamiento de la célula concreta (por templo del hígado o del cerebro), sino también para crear y hacer funcionar a todas las demás células del organismo.
La molécula de ADN es una cadena ultra delgada de átomos enroscados en grupos cilíndricos llamados cromosomas. No existe ningún microscopio con la suficiente potencia para poder ver la estructura del ADN, pero gracias a investigadores pioneros, como Rosalind Franklin, James Watson y Francis Crick, sabemos que se trata de dos tiras que van en direcciones opuestas y están unidas por enlaces de hidrógeno débiles.
Con bioquímica compleja y potentes ordenadores, los investigadores han podido seguir la secuencia de todas las líneas del código escrito en el ADN humano. Este código se compone sólo de cuatro letras, cada una de ellas representa a cuatro tipos distintos de sustancia químicas de base nitrogenada.
El texto del código parece indescifrable, está formado por una total de 3.200 millones de letras que irían como “AATTTGGCCGTTAAGCTAACG…” hasta el infinito. Comparando el código genético de personas sanas y el de enfermos se han podido identificar las secuencias de letras que corresponden por ejemplo a la obesidad, la ceguera o problemas de corazón.
Estas secciones identificables del código se llaman genes. Sólo una pequeña fracción de los genes produce proteínas, las moléculas que más participan en las destinas funciones del cuerpo humano. La fabricación de proteínas es un proceso milagroso.
Una enzima llamada ARN polimerasa copia una secuencia del ADN correspondiente a un gen especifico y crea una versión de una sola cadena llamada ARN mensajero (ARNm). El ARNm sale del núcleo y pasa al citoplasma, donde deposita el código en un ribosoma, este fabrica la proteína necesaria.
El ADN es el motor de la evolución. Cada vez que el ADN se replica hay posibilidades de que una A se convierta en T o en C. Estos errores de código se llaman mutaciones y no siempre dan lugar a grandes cambios físicos. Pero a lo largo de los milenios las mutaciones que representan una ventaja pasan con más frecuencia que las que no son beneficiosas. Con el tiempo suficiente y un número infinito de errores, incluso el hongo más insignificante puede convertirse en un atleta olímpico.

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